El Diccionario
Hace unos días volvió Daniel de un viaje a la Argentina. Cuando abrió la valija, sacó las encomiendas clásicas: alfajores cordobeses un poco aplastados por el trajín, un paquete de yerba para el mate, regalitos de los parientes para las nenas… pero también había algo un poco más inusual: el Diccionario esencial de la lengua española de la Real Academia (edición de 2006). A mí me parecía que nuestro Pequeño Larousse Ilustrado no había perdido su encanto a pesar de sus buenos años: sigue siendo el mismo “gordito simpático” de siempre. Sin embargo, admito que fue divertido abrir el diccionario nuevo y explorar su contenido y sus sesgos ideológicos.
Lo primero que descubrí fue una lista de las muchas academias latinoamericanas “de la Lengua” (o en los casos argentino y uruguayo, “de Letras”); allí me enteré por primera vez que existe una Academia en las Filipinas (a la que alguna vez perteneció el Cardenal Jaime Sin, ya fallecido, y que incluye a varios curas católicos). Cuando le eché una mirada de género a la nómina de los distinguidos integrantes de los respectivos países, fue evidente que en este campo, como en tantos otros, estamos lejos de la equidad de género: en España, por ejemplo, el elenco de 44 personas incluye solamente a tres mujeres. Fue una alegría constatar, sin embargo, que algunos países centroamericanos (Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá) tienen una representación proporcional femenina mucho mayor.
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- Posted by N. Bedford at 07:07 pm
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Este tema es interesantísimo. Hace tiempo estamos trabajando en la creación de un libro contra todo tipo de discriminación y nos hace falta una visión de género. ¿le interesaría participar?
escríbame y le doy más datos:
agrupacionhombrenuevo@argentina.com
Gracias
¿Conocés el trabajo del Foro sobre teología y género del ISEDET (en Flores)?
Nancy
¿Hay alguna ley o reglamento que impide que hayan más mujeres en dichas academias? Porque hacer participar a una mujer por el solo mérito de su sexo me parece altamente insultante para ella y degradante para todos. Hay tantas cuestiones «de género» que quieren resolver problemas legítimos, pero sólo terminan «de-generando» todo.
Un abrazo, y espero que la yerba haya sido rica…
Gracias, Eduardo por tu comentario. En realidad no me refería a la necesidad de implementar una especie de ley de cupos sino que estaba mirando el tema de quiénes están y quiénes no están como un síntoma de cuestiones más de fondo. Cuando faltan ciertos grupos en una institución dada, me pregunto ¿por qué no están? ¿Hay mecanismos que directa o indirectamente lo impidan? ¿Cuáles son? No sé si son preguntas degeneradas, pero me resultan útiles a la hora de entender la realidad…
Un abrazo,
Nancy